El Hombre Que Quería Ser
Avel maneja su camioneta por una ruta
rodeada de bosques, en su dedo anular un anillo. Hasta que en un momento se detiene en la banquina, se
lo ve preocupado, nervioso. Avel abre la puerta trasera y, de un tirón, retira
el nylon negro. Vemos ahora lo que se ocultaba: una pala junto a un cuerpo
cubierto con una sábana blanca donde ya se formaron algunas manchas de sangre;
evidentemente, un cadáver.Busca un claro en el bosque donde cavar un
pozo, vuelve hacia la camioneta a buscar el cuerpo cuando escucha que un auto
esta por pasar, disimula y sigue con su tarea. Entierra el cadáver, mientras le
tira tierra encima ve que el cuerpo se mueve ligeramente, no sabe si es su imaginación
y para por un segundo, el bulto yace inmóvil por lo que termina de cubrirlo con
tierra.
Avel fuma un cigarrillo apoyado en su camioneta cuando se da cuenta que el anillo ya no se encuentra en su mano, desesperado y desorientado se adentra en el bosque buscando donde enterró, el cuerpo, se pierde, el bosque es todo igual, finalmente encuentra el claro y queda petrificado; la tierra del pozo fue revuelta y la sábana blanca está hecha un bollo, arrugada sobre un costado. En ese momento el crujido de una rama al partirse en algún lugar cercano lo sobresalta y, asustado. No está solo en el bosque. Luego nota algo, un zapato femenino taco alto tirado sobre el suelo. Inesperadamente, oímos una puerta cerrarse y el motor de la camioneta queriendo ser puesto en marcha. Avel voltea hacia la banquina e inmediatamente sale corriendo en esa dirección.
La camioneta arranca, el conductor no es más que Avel. Pero no es exactamente él. Es ella; Avel con pelo largo, ojos delineados, labios pintados, aros en las orejas, un collar, ropa de mujer. Gira su cabeza hacia Avel, observándolo a través de la ventanilla. Luego abandona el lugar lo más rápido posible.Vemos sus pies. Uno lleva un zapato, pero el que pisa el acelerador está desnudo.
Avel fuma un cigarrillo apoyado en su camioneta cuando se da cuenta que el anillo ya no se encuentra en su mano, desesperado y desorientado se adentra en el bosque buscando donde enterró, el cuerpo, se pierde, el bosque es todo igual, finalmente encuentra el claro y queda petrificado; la tierra del pozo fue revuelta y la sábana blanca está hecha un bollo, arrugada sobre un costado. En ese momento el crujido de una rama al partirse en algún lugar cercano lo sobresalta y, asustado. No está solo en el bosque. Luego nota algo, un zapato femenino taco alto tirado sobre el suelo. Inesperadamente, oímos una puerta cerrarse y el motor de la camioneta queriendo ser puesto en marcha. Avel voltea hacia la banquina e inmediatamente sale corriendo en esa dirección.
La camioneta arranca, el conductor no es más que Avel. Pero no es exactamente él. Es ella; Avel con pelo largo, ojos delineados, labios pintados, aros en las orejas, un collar, ropa de mujer. Gira su cabeza hacia Avel, observándolo a través de la ventanilla. Luego abandona el lugar lo más rápido posible.Vemos sus pies. Uno lleva un zapato, pero el que pisa el acelerador está desnudo.
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